¡Alemáquina! (voce abusou)

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España quedó eliminada, el Barça dejó de ser lo que era y Xavi Hernández ya no es el dueño del tiempo. Pero las aguas más puras del fútbol se han reencauzado: el tiquitaca ahora huele a birra y chucrut y cuando habíamos quedado huérfanos de Xavi, las deidades nos han enviado a Toni Kroos. En el mundo del fútbol el Papa sigue siendo Ratzinger.

Brasil solo le había ganado contundentemente a Camerún, el equipo más triste de este mundial, con sus jugadores putéandose entre ellos y yéndose a las manos en pleno juego. El partido contra Croacia fue un regalo, Brasil no se pudo imponer a México, tampoco a Chile, y terminó pidiendo tiempo contra Colombia. Tostao lo había dicho, Brasil ya estaría eliminado si el mundial no se jugaba en casa. Hace algunos días preguntaban en twitter por el peor jugador del mundial y la gente se inclinaba por el portugués Eder y yo pensaba ¿pero esta gente no ha visto a Fred? Y de cerquita Hulk. Es posible que este equipo tan pobre de Brasil haya surgido de un gran malentendido, uno ocurrido hace exactamente un año. Brasil le metió un baile a España en la final de la Copa Confederaciones, un tres a cero de carnaval. Con este equipo de madera le ganaron al campeón del mundo que, oh, nadie lo notó entonces, ya no era el mejor del mundo. Una España que ya no era España. Pero Scolari decidió repetir a Neymar y sus amigos.

Hasta que les tocó esta máquina alemana. Una máquina que es más seria y honda que espectacular, una máquina de engranajes calvinistas y no de decorados evangélicos, una máquina que quedaría mejor en una publicidad de Patek Philippe que en una de Nike. Ya le habían hecho la maldad a Portugal: le clavaron tres en media hora. Luego se cuidaron. Hoy con la ex-colonia no tuvieron la misma consideración que con la ex-metrópoli. Pero se debía menos a la decisión del equipo que a un sistema al que ya ni los propios jugadores hubieran podido detener, una avalancha que rodaba hambrienta y cuesta abajo. El implacable Neuer que ataja y es líbero. Contra Argelia ya había llegado al cruce innumerables veces cual si fuera defensa y hoy lo hizo de nuevo. No es Higuita, no es Jorge Campos. Es más como Nesta, pero además tapa. Y luego Hummels, Mertesacker, Boateng y todos los centrales que entran y salen y da un poco igual cualquiera porque las ganan todas, arriba y abajo, y se la juegan al pie a Schweinsteiger y a Toni Kroos que también se me confunden porque no fallan un pase, la tocan de primera, regresan a marcar, patean de fuera del área, y todo esto ocurre sin que uno los note (en especial a Kroos), mandan sin aspavientos y el rival obedece sin saberlo, se imponen sin alardes, sin disfuerzos, sin peluquera a tiempo completo. Kroos o la sobriedad. Khedira o el combustible. El flaco Muller y sus medias caídas, que uno no llega bien a distinguir de qué juega, pero juega una barbaridad. Y mientras Klose le birlaba el récord a Ronaldo en su propia casa, yo esperaba que a Ozil y su pecho más frío que el mar del norte los sacudiese finalmente una canícula futbolística.

Es famosa la frase de Gary Lineker: el fútbol es un deporte de once contra once donde al final gana Alemania. Y tenía razón porque hubo un tiempo en que los ogros germanos ejecutaban a los equipos que enamoraban. A Cruyff y los totales, a Platini y los exquisitos. Pero ahora que Alemania es total y exquisita, ¿quién podrá defendernos? Van Gaal y Sabella deben pensar en Kroos y companhía con el mismo ánimo que un primer ministro griego espera la visita de Angela Merkel.

Alemania ha pasado por encima a Brasil con más responsabilidad que insolencia. No asomó la tentación de la huacha para atrás; cantaron en corral ajeno sin piruetas de pavo real. Y Brasil mostró que hasta en el horror hay margen para el honor. No le quebraron una vértebra a nadie, el estadio no se vació en el entretiempo. Ambos equipos —vamos, ambos países porque lo que ha ocurrido es serio— están hechos de la madera necesaria para enfrentar el resultado como lo hubiera querido Camus: sin sentirse dios en la victoria, ni basura en la derrota.

Hace unos días leí que alguien afirmaba con bastante sabiduría que este mundial era sin duda uno estupendo pero que para considerarlo el mejor de todos no bastaba con tener buenos partidos uno tras otro sino que hacía falta el gran equipo de este mundial. Pues ya están aquí. Alemania y el mejor mundial.

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