Mito devaluado

Revista Poder

Hubo un tiempo no lejano en que lo creíamos una suerte de narrador omnisciente de la política peruana, casi un ser mitológico capaz de hacer y deshacer como le daba la gana. Lo creíamos nosotros y lo creía él. Pero el mito García ha entrado en descomposición. Donde pone el ojo ya no pone la bala.

El año 2009 hice un reportaje sobre el APRA que apareció en esta revista. Recuerdo que cuando mis entrevistados entraban en confianza (y la grabadora se apagaba) solían decir algo similar a esto: “El desafío de Alan y del partido es tener una buena bancada para el 2011-2016 porque tú sabes que algunos compañeros pueden hacer cosas indebidas mientras estamos en el gobierno y después, ya sabes cómo es la política, te las van a sacar y te van a empapelar, por lo cual necesitamos asegurar una buena bancada el 2011.” Y, sin embargo, aquí están, el APRA y García, sin esa buena bancada y empapelados por las cosas indebidas que pudieran haber cometido los compañeros mientras gobernaban.

Si el futuro estaba ya a la vista, ¿por qué terminaron sin la necesaria bancada? La razón es la megalomanía de García y la confianza de todos, apristas y no apristas, de que su estatura mágico-religiosa le ahorraría, de una manera u otra, tales problemas terrenales. Él mismo había prometido a sus amigos empresarios impedir la elección de quien pusiera en peligro el progreso peruano (léase Hu- mala). Tal era la confianza que permitió que su partido se desbarrancase al carecer de candidato presidencial: primero impidió que Javier Velásquez Quesquén fuese el candidato y luego no frenó (¿alentó?) que el partido se desangrara en vivo y en directo a raíz de la abortada postulación de Mercedes Araoz.

Pero más allá de lo que hizo y des- hizo en su partido y de la confianza desmesurada en sus capacidades de vetar a Humala, García confió en que la presidencia la ganaría Castañeda o Keiko Fujimori (quienes nunca lo pondrían en aprietos). Así, en la primera vuelta del 2011 auspició a Castañeda y en la segunda a Keiko Fujimori: Castañeda llegó quinto y Keiko perdió con el único candidato al cual podía haberle ganado. No parecen las apuestas de un prodigio de la política nacional.

Luego de aquella coyuntura electoral el APRA se embarcó de pico y patas en lo de revocar a Susana Villarán. Como se sabe, la postura por el SÍ era larga- mente favorita en los sondeos cuando el APRA decidió sumarse a la empresa. Nunca sabremos si el apoyo aprista fue el causante de la debacle del SÍ, pero podemos afirmar sin temor a equivocarnos que no ayudó en lo más mínimo a sus entusiastas. Una vez más, García eligió al bando perdedor. Desde luego, el bando es elegido cuando las encuestas lo dan como ganador y no sabemos si García y el APRA lo salan o si es solo una mera coincidencia. Pero convendremos que a este portento de la política los sensores políticos se le han averiado .

El fracaso revocatorio, además, malogró otra leyenda urbana: la de los personeros apristas. Se les supone una red vasta y avispada de compañeros, capaz de desplegarse hasta en los puntos más remotos y hacer malabarismos con cédulas y actas. La leyenda ha pasado a mejor vida. Aunque era irreal hace bastante, su desaparición deja al APRA sin un activo mitológico importante pues recorta la capacidad de meter miedo entre los adversarios electorales y reduce su capacidad de negociación con otras fuerzas políticas. Ya no podrá jugar la pretenciosa carta de “yo te pongo mi maquinaria”. Ajá.

Los narcoindultos han descolocado a García. De un cocacho se le derritió el gesto de patriarca cool que había promovido durante el verano. No es para menos pues su firma está en cada uno de los indultos concedidos. Para ser serios, por el momento no hemos visto pruebas de que el dinero supuestamente exigido a cambio de indultos y conmutaciones haya llegado hasta García. Pero el remolino ya se chupó a Chinguel y suena fuerte que Aurelio Pastor sería el próximo. Ante tal situación García ya corre el riesgo de que el 2016 Facebook, Twitter y lo que esté de moda entonces sean inundados por una sola frase: “De Keiko tenemos dudas, pero de García tenemos pruebas”.

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