Los colores de la revocatoria

Revista Poder

LA IZQUIERDA VERDE

Querían ganar experiencia y ganaron la alcaldía. Fuerza Social (FS) entró a la elección municipal del 2010 para tentar algo más del 10% del voto limeño y así comenzar a hacer política real. Pero, en una clásica movida del electorado peruano, este se abalanzó sobre una desconocida candidata y la eligió como alcaldesa. FS no consiguió una sola municipalidad distrital y la abortada candidatura presidencial de Manuel Rodríguez Cuadros, unos meses después, confirmó que la victoria de Susana Villarán había sido poco menos que un golpe de suerte. Es decir, han padecido un síndrome bastante común en la política peruana: la disparidad abismal entre el caudal de votos que consigue un inesperado candidato y sus esmirriadas fuerzas organizativas, su mínima experiencia y su carestía de cuadros políticos. Lo mismo le pasó a Fujimori, a Toledo, a Humala y a montones de otras autoridades elegidas. Pero no todos terminan fuera del cargo y espero que a la gestión de FS le quede oxígeno (o se lo presten) para remontar la revocatoria.

La primera obligación de un político es mantenerse en el poder. Independientemente de sus ideales —reaccionarios o progresistas, inocuos o revolucionarios—, el político debe leer correctamente la jungla política en la que habrá de sobre- vivir. Todo objetivo, benigno o malsano, exige previamente esa cualidad. No la tuvo Susana Villarán, no la tuvo FS. A pesar de considerar que por lo menos tres cuartas partes de la clase política era “mafiosa”, actuó como si la política peruana no fuese una jungla sino una urbe nórdica. A Barack Obama la derecha más conservadora (y sus medios) también le prometieron desde la primera semana de gobierno hacer lo imposible por impedir su reelección. Pero no lo lograron. Guerra avisada no mató gente. Si los revocan, por favor, que al volver a casa les percibamos la frente baja del fracaso y no la arrogancia del inmaculado beato indignado frente a Sodoma.

Estaban verdes, en suma. Desde muy temprano mucha gente advirtió que, si no cambiaban, se los almorzarían. Pero, como el chancón de la clase que joroba a los grandazos y abusivos de la última fila, se han sorprendido e indignado porque esos mismos tipos ahora los esperan a la salida del colegio. ¿La tragedia es que existan los de la última fila? ¿O el error proviene de quien lee incorrectamente la correlación de fuerzas en ese salón, sin percibir que lo van a despedazar si no busca aliados y deja de jorobar constante y abiertamente a los patanes del fondo? Ojalá vayan al cine a ver Lincoln. Ahí se narra las peripecias políticas para aprobar la enmienda a la Constitución americana que abolió la esclavitud. Lo que la película muestra es que hasta el ideal más elevado de todos se consigue a través de la micropolítica, sembrada de estrategias y trampas, traiciones y argucias nada santas, y que los medios con los cuales se impulsa la causa más noble pueden ser bastante innobles. Ese es el mundo de la política. Creo que a cocachos la gente de FS lo ha aprendido.

Hace un año se pretendían purísimos, no querían nada con el PPC, ni cosa alguna con el APRA y no hablemos ya de la “mafia” (léase fujimorismo, castañedistas y algunos otros). La alianza con el PPC ha llegado tardíamente, ahora tienen al APRA en contra y la “mafia” ya tiene la servilleta al cuello. Pero, repito, han aprendido rápidamente. Como en casi todos los oficios de este mundo, el tiempo nos hace mejores. Desde el gobierno de la capital, la izquierda se ha reencontrado con una Lima que no visitaba desde los años ochenta y es posible que con tres décadas de atraso se haya percatado, finalmente, que los conos de Lima nunca incubaron la “nueva democracia popular”. Y si han debido verle la cara al electorado realmente existente, también han des- cubierto el genuino rostro de la política peruana. Hubiera sido mejor, claro, tomar conciencia de todo esto antes de llegar a altos cargos públicos. Pero entonces no estaríamos en los linderos inciertos y amateurs de la política peruana.

EL APRA NARANJA

¿Qué curioso e invisible hilo anuda el pasado presente? “Suéltelos de a pocos (de la carceleta? —dijo él—. Primero a los rabanitos, después los apristones. Hay que fomentar esa rivalidad”.

Don Cayo Mierda lo había entendido todo hace más de medio siglo: el odio entre rabanitos y apristones. Y aunque hoy hayan caído en desuso aquellas pa- labras, sobrevive el encono. El APRA se ha sumado gozoso a desplumar el ganso verde e izquierdista. Y, como si la historia fuese una fuente inagotable de designios, esta izquierda apoyada por el PPC se alía con la hija de Andrés Townsend, quien abandonó el partido de la estrella a inicios de los ochenta y hasta hoy inspira en la militancia aprista una mezcla perplejidad y conmiseración. Como a inicios de los ochenta, el PPC y Townsend de un lado y el APRA de Armando Villanueva del otro. ¿Cómo Armando Villanueva podía haber recibido al final de su corajuda vida política una condecoración de parte de un frente liderado por Anel Townsend? Entonces pienso en el verso de Octavio Paz: “Todo es presencia, todos los siglos son este Presente”.

Pero no. La historia no juega sola. El APRA es el más estratégico de todos nuestros actores políticos. Intuyo que la decisión del APRA revela algo bastante fundamental para la política peruana: no tiene ningún interés en pelear por el electorado institucionalista de las clases medias y altas y prefiere desbancar al fujimorismo y al nacionalismo de su preeminencia en las zonas marginales urbanas. Para ponerlo ad hóminem, García cree que es más simple desvencijar a Keiko (y en menor medida a Nadine) que picotear de la canasta de Toledo y PPK. Esto implica ponerse a tono con el elector naranja. Su gobierno pitucazo lo alejó de esos sectores. Si apoyase al NO sería comparsa y no lideraría nada. Por la vía del SÍ se reencuentra con el pueblo. Ya no es el pueblo aprista, ya no son los sindicatos apristas, ya no son las células universitarias apristas, pero es pueblo que hay: pobretariado antes que proletariado. Sin la sierra sur, sin las clases medias y altas, el APRA ha detectado bien dónde están sus potenciales votantes para el 2016. Y es un nicho bien despachado para pasar a segunda vuelta.

LA DERECHA AMARILLA

Frente a la revocatoria, la derecha se ha vuelto a dividir sobre las mismas líneas que la separan hace varios años. Una derecha liberal que ante un país con problemas de representación política tan agudos es mejor personificada por Mario Vargas Llosa que por Alejandro Toledo. Restringida a las clases medias/ altas urbanas y a una cierta presencia en la opinión pública, es un electorado moderado esperando ser representado por alguien. Está en contra de la revocatoria. En otra esquina, la derecha amarilla. Es una derecha más transversal socialmente: escribas y dueños de periódicos sanisidrinos, alcaldes distritales opositores a Villarán y, abajo, el vasto elector D/E.

Digamos, una coalición filosófica y electoralmente marcada por el amarillo de Castañeda. Cada uno tiene intereses distintos pero la tirria a Villarán ha ejercido un poderoso magnetismo en todos ellos.

Es difícil comprender al electorado limeño de estos días. Supongo que presenciamos uno más de sus conocidos rugidos de malhumor. No creo que sufran una ciudad peor de lo que era hace dos años. Tampoco pueden pensar que gracias a otro alcalde vivirán en una mejor en breve. Y, sin embargo, no soportan a Villarán. Tampoco creo, honestamente, que Aldo Mariátegui o Fritz Du Bois puedan poner en su contra a 70% del electorado de los sectores menos favorecidos. Aguas más profundas alimentan ese pozo.

Ahora bien, más allá del electorado mayoritario a favor de la revocatoria y de Castañeda y sus operadores, ¿qué busca el ápice mediático de esta confluencia? Durante años, la derecha peruana (con- servadora o liberal) exigió que surgiera una izquierda en el Perú reconciliada con el libre mercado. FS ha gobernado económicamente como una izquierda moderna, concesionando, haciendo gestión seria, confiando en la inversión privada, tanto que la CONFIEP ha decidido apoyar la gestión de Villarán. Entonces, ¿por qué la derecha amarilla quiere crucificarla aun cuando FS ha gobernado económicamente como ellos decían querer? ¿No será que, en realidad, lo que busca es que nunca surja en el Perú ningún tipo de izquierda, ni siquiera una más moderna? En el mejor de los casos estamos ante una derecha coyunturalmente revanchista, satisfecha de poder reventar por una vez a una izquierda que los ha jodido toda la vida; en el peor, está cuajando en el país una típica derecha populista, políticamente antiliberal y cuyo proyecto es eliminar cualquier agenda que no sea la conservadora.

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