Alberto Vergara: “Tenemos repúblicas poco republicanas, incapaces de garantizar los derechos ciudadanos”. Conversación con Damián Toschi

Diario Clarín – 01.11.2025

Un principal desafío en América latina es responder a la amenaza de la criminalidad, la violencia y la inseguridad

DT: Varios análisis plantean, de modo recurrente, que existe una crisis de representación en la política latinoamericana, ¿qué observa al respecto?

AV: Hay dos crisis que ocurren simultáneamente: una de representación y otra de la capacidad regulatoria del Estado, pero no de la misma manera en todos los países. En Uruguay, por ejemplo, existe una representación democrática que funciona y, a su vez, hay un estado de Derecho que es funcional. Chile, por su parte, ha tenido un debilitamiento evidente de la representación polítidca, pero conserva la capacidad regulatoria del Estado. El peor escenario se produce en aquellos países donde se han deteriorado ambas capacidades, tal es el caso de Perú, Ecuador o Guatemala, donde ninguno de los dos mecanismos, ni la democracia ni el estado de Derecho, están sirviendo para organizar la sociedad, gobernarla y prosperar, y entonces se debilita el sistema democrático por la vía de la disolución del poder, el desorden. Aun así, son naciones que no están en el radar del análisis.

DT: Desde hace algunos años, algunos análisis acuñaron el concepto “peruanización” para describir escenarios políticos, ¿puede haber un nuevo Fujimori en América Latina?

AV: Más allá de la utilización de ese concepto, en Perú hay una descomposición radical del sistema político e institucional, niveles bajísimos de legitimidad, niveles bajísimos de aprobación ciudadana tanto de la presidente saliente como del Congreso. Además, en 2026 habrá una elección presidencial con más de 40 candidatos y el 65% de la población afirma que no sabe por quién va a votar. Y dado que nadie ha sido capaz de ser suficientemente fuerte para controlar el sistema, eso impide que se conforme un régimen u orden autoritario.

DT: Pese a la crisis de representación todo parece encausarse dentro del sistema…

AV: En el Perú prevalece más la razón criminal que la razón democrática. Estamos ante un sistema completamente vaciado de legitimidad que solo apela a la coerción, donde no existe la responsabilidad política y penal por lo que ocurre. Lamentablemente, el actual gobierno y los que vendrán han aprendido esa lección.

DT: ¿Como compararía las crisis de Perú y Argentina?

AV: Son países donde el lugar central de sus crisis está en esferas muy distintas. Digamos que Perú vive la angustia de quién será presidente mañana y Argentina la de cuál será el tipo de cambio.

DT: ¿Puede haber algún punto de contacto entre las figuras de Fujimori y Milei en su origen? Ambos se presentaron como outsiders de la política tradicional…

AV: Algo que se olvida es que Alberto Fujimori no llegó al gobierno de Perú vendiéndose como un salvador de la patria o un líder carismático, se convirtió en eso. En Argentina, en cambio, Javier Milei fue elegido presentándose como un aspirante a líder providencial. En este sentido, se parece más a los líderes de aspiración refundacional – como Gustavo Petro o Pedro Castillo – que plantean un reinicio de la historia del país. Y esa apuesta es muy alta.

DT: Usted escribió que en América Latina se vive en “repúblicas a medias”, ¿cómo se explica la existencia de las mismas?

AV: Esa idea remite a repúblicas que no han logrado construir regímenes ciudadanos, universales y transversales, donde los derechos civiles, políticos y sociales puedan tener un carácter igualitario. Los países de la región nacieron en el siglo XIX bajo una promesa republicana. Sin embargo, es muy evidente que tenemos repúblicas poco republicanas, incapaces de garantizar derechos ciudadanos. A su vez, hay ciudadanías incapaces de fortalecerse a través de esos derechos. Por eso las instituciones no tienen el incentivo para mejorar y el ciudadano no confía en las mismas.

DT: ¿Puede pensarse, entonces, que hay una crisis de las sociedades con sus respectivas democracias?

AV: En muchos países hay una crisis que excede a la democracia. Por ejemplo, en El Salvador, donde durante 25 años falló la protección de derechos civiles básicos, esto es: libre tránsito, derecho a la propiedad y a la vida. Frente a ello, la ciudadanía decidió entregar sus derechos políticos a un “salvador de la patria” para proteger sus derechos civiles. Entonces ya no hay democracia. Pero lo que produce ese quiebre es la crisis del orden republicano.

DT: En un artículo reciente planteó el concepto “estampida emocional”, ¿cuál es el sentido político del término?

AV: Me refería a la destitución acelerada e imprevista de Dina Boluarte. Coyunturas en las que ni las instituciones ni los actores políticos están en condiciones de encausar el proceso político. Se actúa como una estampida emocional.

DT: Pensando en el valor de la legitimidad y el presente político, ¿qué democracia existe, globalmente, en América Latina?

AV: Hay una democracia ambivalente, no es un buen momento. Me parece terrible que países que fueron democráticos, como Nicaragua y Venezuela se convirtiesen en regímenes represivos. Por otra parte, muchos otros países enfrentan un gran desafío: hacer frente al crimen, la violencia y la inseguridad. Esa es la ventana por la que ingresa el líder autoritario, porque ante la violencia se legitiman las plataformas antidemocráticas y antigarantías. Ahí están los ejemplos de Bolsonaro, Novoa y Bukele. En este punto, entonces, un principal desafío del espacio democrático en América Latina es responder ante el tema de la criminalidad, tiene la obligación de construir programas verosímiles para la ciudadanía. Sin eso, los sectores liberales y republicanos van a tener muchos problemas para ganar elecciones. Por otro lado, los escándalos de corrupción corroen a los sistemas políticos y los gobiernos. Porque hay algo importante: la sociedad percibe que el caso de corrupción que se conoce públicamente es uno de los tantos que en realidad existen.

DT: ¿Observa algo positivo en este panorama?

AV: Sí, es una región que no se llenó de dictaduras, donde sigue habiendo elecciones y los resultados muestran que ir a votar continúa sirviendo para incluir cambios y lograr una alternancia sustantiva de autoridades en el poder. Obviamente, el desafío es lograr gobiernos efectivos.